Autor: aitor

  • Mercados de Madrid: cuál es el bueno para cada cosa

    Madrid tiene más de cuarenta mercados municipales y la diferencia entre ellos es enorme. Algunos siguen siendo mercados de verdad, donde la gente del barrio hace la compra de la semana. Otros se han convertido en zonas de tapeo con un puesto de fruta simbólico. Ninguna de las dos cosas es mala, pero conviene saber a cuál vas.

    Para hacer la compra de verdad

    Mercado de Maravillas (Cuatro Caminos)

    El más grande de Madrid y probablemente el mejor para comprar en serio. Más de doscientos puestos, precios de mercado real y una sección de pescado que compite con cualquiera. Aquí no vienes a tomar algo: vienes con carro.

    Lo mejor: pescado y carne. La rotación es tan alta que el género es fresco por narices.

    Mercado de Chamartín

    Caro pero con producto excelente. Es donde van los restaurantes del norte de la ciudad. Si buscas algo difícil —una pieza concreta, caza, marisco vivo— aquí lo encuentras.

    Mercado de la Cebada (La Latina)

    Menos glamuroso y más auténtico de lo que su fama sugiere. Fruta y verdura a buen precio y carnicerías serias. Ha sobrevivido a varios intentos de reforma y sigue funcionando como mercado de barrio.

    Mercado de Vallehermoso

    El equilibrio. Tiene puestos de compra de verdad y también sitios donde comer, sin que lo segundo se haya comido a lo primero. Buena panadería, buena verdura y ambiente de barrio.

    Para comer y tomar algo

    Mercado de San Miguel

    Precioso y carísimo. Es un mercado gourmet para turistas desde 2009 y no finge otra cosa. Como experiencia visual merece la pena; como sitio para cenar, hay mejores opciones a cien metros.

    Mercado de San Antón (Chueca)

    Modelo mixto que funciona: planta baja con puestos reales, plantas superiores para comer y una terraza en la azotea que es de lo mejor que tiene Chueca. Puedes hacer la compra y quedarte a comer.

    Mercado de San Ildefonso

    Directamente no es un mercado: es un espacio de puestos de comida en Fuencarral. Está bien si vas a eso, pero no vayas buscando tomates.

    Para producto específico

    • Pescado: Maravillas y Chamartín, sin discusión.
    • Carne y casquería: Maravillas y La Cebada.
    • Fruta y verdura a buen precio: La Cebada, y los mercados de barrio de Tetuán y Carabanchel, que salen mucho más baratos que el centro.
    • Producto internacional: los alrededores del mercado de Tetuán y la zona de Lavapiés, donde el comercio no municipal cubre lo que los mercados no tienen.
    • Quesos y charcutería: Chamartín y Vallehermoso.

    Tres cosas prácticas

    Horarios. Los mercados municipales suelen abrir de 9:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 de lunes a viernes, y sábados sólo por la mañana. Los de tapeo tienen horario largo, pero sus puestos de alimentación cierran igual.

    El mejor momento para comprar pescado es el martes o el miércoles por la mañana. Los lunes hay menos género porque las lonjas no trabajan el domingo.

    Pregunta. La ventaja del mercado sobre el supermercado no es el precio: es que hay alguien detrás del mostrador que sabe qué está bueno esta semana y te lo va a decir si le preguntas. Desaprovechar eso es pagar de más por nada.

  • Tiendas de barrio en Malasaña que siguen abiertas contra todo pronóstico

    Malasaña ha cambiado tres veces de piel en veinte años y sin embargo hay locales que siguen exactamente donde estaban. No son los que salen en las guías. Son los que usa la gente que vive ahí.

    Este es un recorrido por zonas, para que puedas hacerlo andando sin dar vueltas.

    Alrededor de la plaza del Dos de Mayo

    Es el corazón del barrio y el sitio donde mejor se ve la mezcla: bares nuevos con terraza y, en la misma acera, mercerías que llevan ahí desde antes de que nadie dijera «Malasaña».

    Qué buscar por aquí: mercerías y tiendas de labores. Quedan varias en las calles que salen de la plaza —Velarde, Daoíz, San Andrés— y son el sitio donde encontrar botones sueltos, cremalleras a medida y arreglos que en una cadena no te hacen. Si has intentado alguna vez sustituir una cremallera de una cazadora, ya sabes lo que valen.

    Y también: las tiendas de discos de vinilo, que en este barrio no son nostalgia sino un negocio que nunca llegó a cerrar del todo. Se concentran alrededor de la calle del Espíritu Santo.

    Calle Fuencarral y alrededores

    La parte más comercial y la más cambiada. Aquí la lógica es distinta: las cadenas se han quedado con la calle principal y el comercio propio se ha metido en las bocacalles.

    Consejo práctico: no busques en Fuencarral. Busca en las calles que la cruzan. Es donde están las tiendas de ropa de diseñadores pequeños, las zapaterías con arreglos y las tiendas de segunda mano seleccionada, que en Malasaña son bastante mejores que la media de Madrid.

    La zona de San Bernardo

    La frontera del barrio y la más tranquila. Aquí sobrevive el comercio de necesidad, que es el que de verdad sostiene un barrio: fruterías, pescaderías, panaderías de horno propio, ferreterías.

    Las ferreterías de Malasaña merecen párrafo aparte. Son el ejemplo perfecto de por qué el comercio de barrio no ha muerto: entras con un tornillo raro en la mano, se lo enseñas a alguien que lleva treinta años detrás del mostrador, y sales con el tornillo correcto en dos minutos. Eso no se puede pedir por internet.

    Corredera Baja y Corredera Alta de San Pablo

    La zona con más densidad de tiendas pequeñas por metro cuadrado del barrio, y la que menos ha perdido.

    Qué hay: librerías de viejo, tiendas de instrumentos musicales, talleres de encuadernación, tapicerías. Es la calle de los oficios. Si necesitas que alguien arregle algo que en teoría ya no se arregla, empieza por aquí.

    Cómo hacer el paseo

    Sale bien empezar en la plaza del Dos de Mayo, bajar por Velarde hasta Fuencarral, cruzar y meterse por las bocacalles, y terminar en las Correderas. Son unos cuarenta minutos sin pararse y una mañana entera si te paras, que es de lo que se trata.

    Horarios: el comercio de barrio de Malasaña cierra a mediodía —de dos a cinco, más o menos— y muchos no abren los sábados por la tarde. Ir un sábado a las siete es la mejor forma de encontrarlo todo cerrado.

    Por qué esto importa

    Malasaña es el laboratorio de lo que pasa cuando un barrio se pone de moda: suben los alquileres, los locales rotan cada dos años y lo que queda son cadenas y bares. Que sigan abiertas una mercería, una ferretería y una tapicería en las mismas calles no es casualidad ni romanticismo. Es que hacen algo que nadie más hace.