Comercios de Madrid con placa de establecimiento singular: dónde están y qué venden
Pasas por delante mil veces y no la ves. Está a la altura de la puerta, casi siempre a un lado del marco, del tamaño de un posavasos, y avisa de que ese local no es uno cualquiera: el Ayuntamiento lo tiene catalogado como establecimiento singular. Es la manera que tiene la ciudad de decir «esta tienda lleva aquí tanto tiempo y con tanto carácter que no queremos que la reformen a lo bruto».
La lista oficial la mantiene el Ayuntamiento y conviene mirarla en su web si te pica la curiosidad, porque se actualiza. Nosotras hemos hecho otra cosa: coger el mapa, patearlo y contarte qué te vas a encontrar cuando abras la puerta. Aviso desde ya: casi todas están en el distrito Centro y se hacen andando en una mañana larga.
La placa protege el local, no el negocio
Esto es lo que casi nadie sabe y explica muchas rarezas del centro. Lo que se protege es el continente: la fachada, el rótulo, la carpintería de la puerta, los escaparates de madera y, en algunos casos, el mobiliario de dentro. El negocio que hay detrás puede cambiar de dueño, de familia o incluso de ramo.
Por eso te cruzas con rótulos de farmacias antiguas encima de sitios que ya no despachan medicinas, o con azulejería de ultramarinos en locales que hoy sirven cañas. El rótulo aguanta porque tocarlo requiere permiso. Cuando pasa eso, la placa se queda mirando a la calle aunque lo de dentro se haya reinventado tres veces.
Sol y la calle Mayor
Es la zona con más concentración y la mejor para empezar.
- Casa de Diego (Puerta del Sol, 12). Abanicos, paraguas, bastones y sombrillas desde mediados del siglo XIX. Entras y te atienden desde un mostrador de madera con los cajones a la espalda, como en las películas. Si buscas un abanico bueno de verdad, y no el de tres euros del top manta, es aquí.
- Pastelería El Riojano (Mayor, 10). Vitrinas antiguas, mármol y una pastelería madrileña de manual: bartolillos, pastas de té, hojaldres. Se llena a media mañana.
- Farmacia de la Reina Madre (Mayor, 59). Conserva la botica antigua con los botes de cerámica y la estantería de madera oscura. Sigue funcionando como farmacia, así que puedes pasar a por una caja de ibuprofeno y salir habiendo visto un pedacito de museo.
- Almacén de Pontejos (plaza de Pontejos, 2). La mercería que ha salvado la vida a todas las abuelas y a todos los que hemos tenido que coser un disfraz de última hora. Botones por unidades, cintas, hilos, cremalleras, gomas. Coges número y esperas, y merece la pena.
- Antigua Pastelería del Pozo (calle del Pozo, 8). Callecita pequeña, escaparate diminuto y un obrador que lleva ahí desde el XIX. Los hojaldres son la especialidad.
Plaza Mayor y bajando hacia La Latina
- Casa Yustas (Plaza Mayor, 30). Sombrerería desde 1894. Boinas, panamás, borsalinos y también las gorras de recuerdo, todo mezclado. Aunque no vayas a comprar, la tienda está forrada de sombreros hasta el techo y da gusto verla.
- Casa Hernanz (Toledo, 18). Alpargatas y esparto desde 1840. En cuanto llega el calor se forma cola en la puerta, así que si quieres ir tranquilo vete en invierno o a primera hora. Tienen todas las tallas, todos los colores y el precio sigue siendo de barrio.
Huertas, Canalejas y Carrera de San Jerónimo
- Casa Mira (Carrera de San Jerónimo, 30). Turrón desde 1842, hecho como se hacía. En diciembre hay cola en la acera; el resto del año entras y te atienden con calma.
- La Violeta (plaza de Canalejas, 6). Una tienda diminuta, morada entera, dedicada casi en exclusiva a los caramelos de violeta. Es el regalo madrileño por excelencia cuando no sabes qué llevarte de aquí.
- Capas Seseña (de la Cruz, 23). Capas españolas de paño, cortadas y cosidas a medida desde 1901. Por ahí han pasado clientes de todo tipo y ellos lo tienen documentado en las paredes.
- Guitarras Ramírez (de la Paz, 8). Taller y tienda de guitarra española de una saga de constructores que viene del siglo XIX. Huele a madera desde la puerta.
Hacia Ópera y Santo Domingo
- Antigua Casa Talavera (Isabel la Católica, 2). Cerámica española pintada a mano: Talavera, Puente del Arzobispo, Manises. El local está cubierto de azulejos por fuera y por dentro, y te van explicando de dónde viene cada pieza si preguntas.
Cómo recorrerlas sin acabar reventado
Todas las de arriba caben en un paseo de dos o tres horas si no te entretienes mucho. Un consejo de vecina: comprueba el horario antes de salir de casa. Muchas de estas tiendas mantienen la costumbre de cerrar a mediodía y bastantes no abren los domingos, por mucho que el centro esté a tope. En agosto, además, algunas hacen vacaciones enteras.
Si prefieres ir localizándolas sobre la marcha en vez de apuntar direcciones en el móvil, puedes buscarlas por zona en niar.app y montarte la ruta a tu aire, metiendo por el camino las que no salen en ninguna lista pero llevan cuarenta años en la esquina de tu barrio.
Y ya que estás, entra aunque no vayas a comprar nada. Estas tiendas se sostienen porque alguien cruza la puerta, y casi siempre hay alguien detrás del mostrador con ganas de contarte de dónde sale lo que vende.