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Comercio local, barrio a barrio

Mercados de Bilbao, Valencia y Sevilla: ¿todavía puedes hacer la compra o ya solo cenar?

· revisado el · aitor
Mercados de Bilbao, Valencia y Sevilla: ¿todavía puedes hacer la compra o ya solo cenar?

La primera vez que entré en el Mercado de Colón de Valencia iba con una lista de la compra escrita a mano: tomates, un par de merluzas pequeñas, queso. Llevaba el carro. Tardé unos cuatro minutos en darme cuenta de que allí no iba a comprar ni un tomate. Bajé por la escalinata, miré aquel hierro modernista precioso lleno de terrazas, gente con vermut a las doce y media, una horchatería a rebosar, y volví a subir con el carro vacío. Acabé haciendo la compra en Ruzafa, tres calles más allá, donde una señora me vendió los tomates diciéndome cuáles eran para ese día y cuáles aguantaban hasta el jueves.

Desde entonces, cada vez que visito una ciudad hago la misma prueba. No miro si el mercado es bonito, que casi todos lo son. Miro si podría vivir de él.

La prueba de la cesta

Es sencilla y funciona en cualquier ciudad. Entras y te haces tres preguntas:

Con esas tres preguntas en la cabeza, vamos a Bilbao, Valencia y Sevilla.

Bilbao: la Ribera aguanta las dos vidas

El Mercado de la Ribera (Calle de la Ribera, 20, junto al Casco Viejo) presume de figurar en el Guinness como el mercado cubierto municipal más grande, y cuando lo ves colgado sobre la ría entiendes por qué. Después de la gran reforma de hace algo más de una década, el edificio se repartió en dos: abajo, junto al agua, una zona de gastrobares con escenario incluido; arriba, los puestos de siempre.

Y arriba sigue habiendo mercado del bueno. Pescaderías con género del Cantábrico, carnicerías donde te preparan el corte que les pidas, verduras de la huerta de alrededor. Es de los pocos sitios donde puedes ver a un grupo de turistas con una caña en la mano en la planta baja y, un piso más arriba, a una vecina de Bilbao la Vieja discutiendo con el pescadero el punto exacto de frescura de unas anchoas.

Consejo de barrio: si vas a comprar, ve por la mañana y sube directamente. Si lo que buscas es picar algo, baja a última hora de la tarde. Y si quieres un mercado sin ninguna concesión al visitante, cruza a Santutxu, en pleno barrio, donde no hay ni una sola barra pensada para el que pasa por allí.

Valencia: dos mercados modernistas, dos destinos opuestos

Valencia es el mejor ejemplo de España de lo que puede pasarle a un mercado, porque tiene los dos extremos a diez minutos andando el uno del otro.

El Mercado Central (Plaza Ciudad de Brujas, junto a la Lonja) es de los grandes de Europa comprando en fresco, y lo sigue siendo. Cientos de puestos, cúpulas de cristal, la cotorra de la veleta, y un ruido de mañana que no se parece a nada. Abre de lunes a sábado por la mañana y cierra a primera hora de la tarde, que es exactamente el horario de un mercado que vive de la compra diaria. Hay un par de sitios para comer dentro, sí, pero son la excepción dentro de un edificio que sigue siendo de las pescaderías, los encurtidos y las paradas de bacalao.

El Mercado de Colón (Carrer de Jorge Juan, 19), a un paseo de allí, es igual de espectacular y no tiene un solo puesto de alimentación fresca. Después de su rehabilitación se convirtió en un espacio de terrazas, cafés y algún comercio. Es un sitio estupendo para sentarse una tarde, y conviene ir sabiendo a qué vas. Con el carro, no.

Para la compra de verdad, además del Central, el Mercado de Ruzafa (Plaza del Barón de Cortes) es el mercado de barrio que uno querría tener debajo de casa: fruterías, pollería, pescadería y precios de vecino, en medio de uno de los barrios que más ha cambiado de la ciudad.

Sevilla: el hilo más fino de los tres

Sevilla tiene un caso de manual en cada dirección. La Lonja del Barranco (Calle Arjona, 28), junto al Guadalquivir, era el mercado de pescado de la ciudad en un edificio de hierro precioso, y desde 2014 es un mercado gastronómico entero. Puestos de comer, de principio a fin. Ni una báscula.

El Mercado de Triana (Calle San Jorge, 6, al pie del puente de Isabel II) es el equilibrio raro que casi nadie consigue. Conviven las pescaderías, las carnicerías y las paradas de especias con una buena tanda de barras donde te ponen el pescaíto que acabas de ver dos metros más allá. Ir un sábado por la mañana es una de las mejores cosas que se pueden hacer en Sevilla sin gastarse casi nada.

Y luego está el Mercado de Feria, en la calle Feria, el más antiguo de la ciudad. Llegó a estar medio vacío, con más persianas bajadas que puestos abiertos, y volvió a la vida gracias a una mezcla de las dos cosas: bares dentro del propio mercado y unos cuantos puestos históricos que aguantaron el temporal. Sobrevivió mezclando, que es lo que están haciendo casi todos.

Qué hacer con esto

Ninguna de las tres ciudades ha perdido sus mercados, pero en las tres hay que saber a cuál vas. Bilbao mantiene la Ribera partida en dos pisos que funcionan a la vez. Valencia conserva el Central intacto y ha dejado que Colón se vaya del todo al otro lado. Sevilla tiene Triana como ejemplo de convivencia y la Lonja del Barranco como ejemplo de conversión completa.

Si estás preparando una escapada o acabas de mudarte de barrio, lo más útil es mirar antes qué comercios tienes alrededor y a qué hora abren; en niar.app se pueden localizar tiendas y negocios por zona sin dar mil vueltas. Y luego, ya sobre el terreno, sigue valiendo la prueba de la cesta: entra, busca el hielo, y en dos minutos sabrás si ese mercado sigue dando de comer a su barrio o si ha decidido dedicarse a otra cosa.